lunes, 28 de marzo de 2011

. . Se paró el reloj

Yo no escogí enamorarme de ti. Pero la primera vez que te besé, nuestros
dientes se rozaron por una milésima de segundo y fue increíble.

Y la hora exacta de ese beso eran las 12.10 y quité la pila del reloj, para que se quedase la
hora detenida para siempre, parada.

El minuto exacto en el que me besaste está metido en un reloj para siempre y ya nunca se qué hora es, pero me da igual, y desde entonces miro constantemente el reloj...

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